El décimo aniversario de la entrada en vigor del Acuerdo de París, que se cumple el 4 de noviembre de 2026, llega marcado por una evaluación crítica de la acción climática internacional. Laurence Tubiana, una de las principales negociadoras del pacto alcanzado en la COP21 de 2015, considera que los diez años transcurridos han estado condicionados por la guerra de Ucrania y por el avance de los populismos de derechas.
En declaraciones recogidas por EFE el 3 de noviembre de 2026, Tubiana sostuvo que la invasión rusa de Ucrania, iniciada en febrero de 2022, alteró las prioridades de los gobiernos. El petróleo y el gas pasaron a ocupar un lugar central en las estrategias de seguridad energética, desplazando parte de la atención política dedicada a la reducción de emisiones. Según su explicación, el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz desde comienzos de 2026 ha agravado esa tensión geopolítica.
«La lucha climática ha atravesado una década muy difícil, sobre todo a raíz de la invasión rusa de Ucrania»
La valoración se produce pocos días antes del inicio de la COP31, que se celebrará en Antalya (Turquía) del 9 al 20 de noviembre de 2026. La cumbre deberá continuar las negociaciones sobre la aplicación del Acuerdo de París en un contexto en el que los compromisos nacionales siguen sin traducirse, según Tubiana, en reducciones de emisiones acordes con los objetivos fijados.
Un acuerdo vinculante en sus procedimientos
Tubiana recordó que el tratado establece obligaciones legales para los países firmantes, aunque su arquitectura no contempla multas ni sanciones directas cuando un Estado no cumple sus metas numéricas de reducción. El pacto obliga a presentar y actualizar planes climáticos nacionales —las contribuciones determinadas a nivel nacional, conocidas como NDC— y fija reglas de transparencia para informar sobre los avances.
Su mecanismo de cumplimiento se apoya, por tanto, en la revisión periódica de los compromisos y en la presión diplomática, no en un sistema punitivo equivalente al de otros ámbitos regulatorios. Entre los elementos centrales del acuerdo también figura el compromiso de los países desarrollados de movilizar financiación para los Estados más vulnerables. La cuestión financiera seguirá formando parte de las negociaciones internacionales, junto con la actualización de los planes nacionales y la aplicación de las medidas ya anunciadas.
El objetivo de temperatura y la concentración de emisiones
El Acuerdo de París fijó como objetivo mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C respecto a la era preindustrial y proseguir los esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C. Tubiana vinculó las dificultades actuales con la prolongación de las emisiones y con la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera durante décadas de negociación.
La trayectoria del pacto se resume en varios retos que deberán afrontar los gobiernos durante la COP31:
- Reforzar y renovar los planes climáticos nacionales para acercarlos a los objetivos de temperatura del acuerdo.
- Mejorar la transparencia sobre las emisiones y sobre el grado de cumplimiento de las medidas comunicadas.
- Movilizar financiación hacia los países más expuestos y vulnerables al cambio climático.
- Trasladar la negociación a la economía real, en un escenario condicionado por la seguridad energética y las tensiones geopolíticas.
Laurence Tubiana fue embajadora para las negociaciones de la COP21 de 2015 y dirige desde 2017 la Fundación Europea para el Clima, según EFE. Su análisis sitúa el aniversario del acuerdo ante una disyuntiva institucional: mantener el marco común de compromisos y transparencia mientras los países afrontan presiones energéticas y políticas que han ralentizado la acción climática. La COP31 será la próxima ocasión para comprobar si las partes logran recuperar capacidad de cooperación y concretar los instrumentos pendientes.