La concentración atmosférica de los principales gases de efecto invernadero alcanzó nuevos récords en 2025, según el Boletín de Gases de Efecto Invernadero publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) el 2 de noviembre de 2026. El dato llega en la antesala de la COP31, que se celebrará en Antalya (Turquía) entre el 9 y el 20 de noviembre de 2026, y refuerza la presión científica sobre los gobiernos para acelerar la reducción de emisiones.
El CO2 vuelve a marcar un máximo
La OMM sitúa la concentración media mundial de dióxido de carbono en 426,8 partes por millón durante 2025, un nivel que representa un 53 % más que en la etapa preindustrial. El mismo boletín señala que las concentraciones de metano y óxido nitroso también alcanzaron máximos históricos ese año. Según el organismo meteorológico, el efecto de calentamiento asociado a estos gases de larga permanencia aumentó un 56 % entre 1990 y 2025, con el CO2 como principal responsable de ese incremento.
La OMM prevé que las concentraciones continúen aumentando. Entre los factores que pueden impulsar esa evolución menciona un episodio intenso de El Niño y una menor capacidad del océano para absorber dióxido de carbono. Se trata de una previsión del organismo internacional, no de un balance cerrado sobre la evolución futura del fenómeno: sus efectos dependerán de la intensidad de El Niño y de la respuesta de los sistemas naturales y humanos.
El escenario menos cálido también rebasa 1,5 °C
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) publicó la semana anterior el Informe sobre la brecha de emisiones 2026, titulado El punto de retorno. El documento advierte de que el aumento de la temperatura global superará los 1,5 °C sobre los niveles preindustriales. Incluso el escenario descrito como el “más bajo posible” apunta a un calentamiento de entre 1,7 y 1,8 °C a mediados de siglo, según el informe.
Para alcanzar ese escenario, el PNUMA calcula que serían necesarias reducciones de emisiones del 18 % para 2030 y del 45 % para 2035, además de una eliminación creciente de dióxido de carbono a lo largo del siglo. Son objetivos asociados al escenario analizado por el organismo, no una descripción de la trayectoria actual de las emisiones. La diferencia entre ambos elementos resulta central en las negociaciones climáticas: el informe contrapone la evolución prevista con el esfuerzo que exigiría limitar el calentamiento.
La ciencia llega a la negociación de Antalya
Durante los días previos a la COP31, organizaciones e instituciones tienen previsto difundir nuevos análisis sobre la situación climática. Entre los asuntos que concentran la atención figuran:
- la evolución de las concentraciones de CO2, metano y óxido nitroso;
- la capacidad del océano para seguir absorbiendo dióxido de carbono;
- los posibles efectos de El Niño sobre las temperaturas de los próximos meses;
- la duración y la intensidad de los episodios de calor extremo.
El PNUMA y la OMM ofrecen enfoques complementarios. El primero evalúa la distancia entre las emisiones necesarias para cumplir los objetivos climáticos y las tendencias previstas; el segundo mide el estado de la atmósfera y la contribución de los gases de larga duración al calentamiento. Ambos informes sitúan la reducción rápida de emisiones y la protección de los sumideros naturales entre los elementos determinantes del debate que se abrirá en Antalya.