La conservación de la biodiversidad en América Latina y el Caribe afronta una carencia de recursos de casi 153.000 millones de dólares al año. El cálculo procede de un informe conjunto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), difundido el 27 de octubre de 2026, que cifra en 170.000 millones de dólares anuales las necesidades de la región para proteger y restaurar sus ecosistemas y promover un uso sostenible de los recursos naturales.
Frente a esa demanda, los flujos disponibles se sitúan en torno a 17.000 millones de dólares al año, según el mismo informe. La diferencia equivale al 2,1 % del producto interior bruto regional, de acuerdo con el cálculo del BID y la CEPAL. El documento advierte de que la falta de financiación no es únicamente un problema ambiental: el deterioro de los ecosistemas puede afectar a la productividad, el abastecimiento de agua, las exportaciones, las cuentas públicas y las oportunidades de inversión.
El peso de la agricultura y la ganadería
La mayor parte de los recursos adicionales identificados estaría relacionada con la transformación de los sistemas agropecuarios. Cerca del 60 % de las necesidades financieras calculadas por la CEPAL corresponde a la transición hacia formas de agricultura y ganadería más sostenibles. El dato sitúa la gestión del suelo, la producción de alimentos y la conservación de la naturaleza dentro de un mismo desafío de inversión, en lugar de tratarlos como ámbitos separados.
| Concepto | Estimación anual |
|---|---|
| Necesidades para biodiversidad | 170.000 millones de dólares |
| Recursos disponibles | 17.000 millones de dólares |
| Déficit calculado | Casi 153.000 millones de dólares |
El informe plantea varias vías para reducir la distancia entre las necesidades y los fondos disponibles. Entre ellas figuran:
- mejorar la eficiencia del gasto público destinado a naturaleza;
- revisar los incentivos que perjudican a la biodiversidad;
- aumentar la inversión pública y privada;
- ampliar el uso de instrumentos financieros innovadores.
Angela Maria Penagos Concha, directora de la Oficina de la CEPAL en Bogotá y supervisora adjunta de la Unidad de Agua y Biodiversidad, subrayó, según la información difundida sobre el informe, la magnitud de la distancia entre los recursos existentes y los necesarios para conservar, restaurar y utilizar de forma sostenible la biodiversidad. La advertencia se integra en un análisis que no limita la protección de la naturaleza a la creación de espacios protegidos, sino que incluye también la transformación de las actividades productivas y la movilización de capital.
Una brecha con efectos económicos
El BID y la CEPAL presentan la financiación de la biodiversidad como una cuestión con consecuencias directas para el desarrollo regional. La pérdida de ecosistemas puede comprometer servicios esenciales, entre ellos la disponibilidad de agua, y debilitar actividades económicas que dependen de los recursos naturales. Por eso, el documento vincula la conservación con la estabilidad de las finanzas públicas, la capacidad exportadora y la atracción de inversiones.
El diagnóstico establece así una doble tarea: elevar el volumen de recursos destinados a la biodiversidad y orientar mejor los fondos ya existentes. La estrategia propuesta por ambos organismos combina cambios en el gasto y en los incentivos con nuevas fórmulas de financiación, mientras la agricultura y la ganadería concentran la mayor parte de las necesidades adicionales identificadas para avanzar hacia modelos productivos compatibles con la conservación.