Chile ha puesto en marcha una nueva forma de medir y comunicar la actividad de sus volcanes. El Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) ha sustituido el sistema anterior basado en colores por una escala numérica de seis niveles, del 0 al 5, en el marco de un protocolo suscrito con el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred).
El cambio introduce una separación explícita entre dos funciones que hasta ahora podían aparecer asociadas en la comunicación pública: por un lado, el seguimiento técnico del comportamiento de los volcanes; por otro, las decisiones destinadas a proteger a la población. La clasificación corresponde a la actividad observada por los especialistas y no equivale por sí misma a una orden de evacuación o a otra medida de emergencia.
Seis estados para describir la actividad
La nueva Escala de Actividad Volcánica (EAV) ordena la evolución de los procesos volcánicos desde las condiciones habituales de reposo hasta una erupción de gran magnitud. Sus categorías son:
| Nivel | Denominación | Descripción |
|---|---|---|
| EAV 0 | Estado base | Condiciones habituales de reposo. |
| EAV 1 | Inestabilidad menor | Variaciones leves, sin peligro inmediato. |
| EAV 2 | Inestabilidad mayor | Anomalías más significativas en la sismicidad o en las emisiones de gases. |
| EAV 3 | Erupción menor | Fenómenos de bajo impacto, generalmente limitados a las proximidades del cráter. |
| EAV 4 | Erupción moderada | Emisión de material volcánico, piroclastos o cenizas con posible afección a sectores próximos. |
| EAV 5 | Erupción mayor | Evento de gran magnitud, con posibles impactos en valles y zonas pobladas. |
Según la descripción difundida por Sernageomin, los primeros niveles reflejan cambios en la actividad que pueden ser detectados mediante la vigilancia sísmica y el control de gases. A partir del nivel 3, la escala identifica una erupción y diferencia su alcance, desde episodios limitados a las inmediaciones del cráter hasta fenómenos capaces de afectar áreas más alejadas.
“La clasificación permitirá diferenciar entre erupciones de alcance limitado y eventos de mayor magnitud, capaces de afectar sectores alejados del cráter”.
Así lo explicó Álvaro Amigo, jefe de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica (RNVV). La distinción pretende facilitar una comunicación más precisa sobre el fenómeno que está siendo observado y evitar que una categoría de actividad científica se interprete automáticamente como una medida de respuesta ante una emergencia.
Un mecanismo para los fenómenos repentinos
El protocolo incorpora además el mecanismo FLASH, concebido para transmitir advertencias rápidas cuando se produzcan fenómenos volcánicos violentos o repentinos. Esta herramienta complementa la escala ordinaria y permite comunicar situaciones que, por su rapidez o intensidad, requieren una difusión inmediata.
De forma paralela, Sernageomin ha habilitado una nueva plataforma web de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica. El sitio permitirá consultar información sobre el comportamiento de los volcanes monitorizados en Chile y concentrará la comunicación técnica asociada al nuevo sistema. La aplicación del protocolo entre Sernageomin y Senapred establece así un marco común para informar de la actividad volcánica y articular, por separado, las decisiones de protección de la población.