Las fronteras de la migración

La UE vive una coyuntura que le obliga a hacer frente a los que quieren marcharse (Brexit), a los que quieren entrar (migrantes), y al populismo que irrumpe por las urnas

MÁS DE UN AÑO lleva la UE debatiendo cómo solventar las grietas que amenazan con una voladura su proyecto de una gran comunidad europea: el Brexit y la Migración. Dos patas cojas sobre las que bascula el peso de una Unión cuyos cimientos soportan una arquitectura de Leyes y reglamentos que no terminan de construir un rostro humano común a toda Europa. Los líderes de la UE se reclaman herederos de la mejor tradición de una Europa universalista pero en su seno crece el ruido de voces, reaccionarias y xenófobas, contrarias a su propia existencia. La UE vive una coyuntura que le obliga a hacer frente a los que quieren marcharse (Brexit), a los que quieren entrar (migrantes), y al populismo que irrumpe por las urnas. Grietas para una unión Europea sometida a los Idus de marzo.

En marzo de 2019 expira el plazo para la resolución definitiva del Brexit, y en marzo de 2018 arrancó una nueva crisis migratoria. Miles de personas llamando  desesperadamente a la puerta de la Unión Europea, aunque en número menor que en la oleada de 2015, como se encargó de subrayar Donal Tusk, presidente del Consejo Europeo, el pasado mes de octubre, al hacer balance de las decisiones del Consejo en materia de migración: (…) “el número de cruces ilegales de fronteras hacia la UE detectados se ha reducido en un 95% en comparación con las cifras máximas que se alcanzaron en octubre de 2015…”

 

“…Pero algunos flujos internos y algunos flujos externos recientes requieren una atención continuada”, fueron las concluyentes palabras del presidente del Consejo Europeo en una suerte de eufemismo para evitar la incómoda afirmación de que los acuerdos de la Unión en este ámbito apenas si trascienden las medidas policiales. En materia de migración, la UE vive instalada en un permanente “Día de la Marmota”, con declaraciones de principios que insisten en la necesidad de remediar las causas que provocan la migración irregular –“reforzando la cooperación con los países de origen y de tránsito, especialmente del Norte de África”, enfatiza Donald Tusk–, pero que no descienden al terreno de los hechos: ¿Qué cooperación? ¿Qué planes para impulsar el desarrollo económico y social en los países origen de la migración? La contundencia es rotunda, en cambio, sobre el acuerdo para poner en marcha un Centro Europeo de Lucha contra el Tráfico Ilícito de Migrantes al mando de Europol. Y este plan sí tiene ficha y fecha: echará a andar el próximo mes de diciembre.

Hot Spot of Lampedusa island
Guardia Costera en Lampedusa. Coast Guard ship at the harbour of Lampedusa island. ©Mario Laporta, EU.

Parece claro que hay que garantizar la Seguridad en la UE, y que ello pasa por intensificar y mejorar los mecanismos de lucha contra las redes que trafican con seres humanos, es decir, pasa por la colaboración de los países de origen y tránsito de la migración irregular, aunque en materia policial, la información desde la UE sobre apresamientos y posteriores juicios a esclavistas brilla por su ausencia y favorece que campe una sensación bastante generalizada de que los traficantes siempre escapan, no se les pone cara, ¿los malos son más listos que los buenos? Tampoco es brillante la información cuando las preguntas descienden a la arena de la cooperación al desarrollo: ¿Qué proyectos tiene en marcha la UE en el Norte de África? ¿Qué oportunidades para la creación de empleo y mejora de vida propician? ¿Qué ficha financiera? ¿Qué seguimiento se hace de los mismos?

Estrategia UE África – Europa RUPY los africanos, ¿qué dicen? Depende de la fuente a que acudamos.  Atendemos a una de las voces críticas con las políticas de la UE en África: la publicación digital Mundo Negro. En diciembre de 2017 se hizo eco de un Informe de Amnistía Internacional, (Libya’s dark web of collusion: abuses against europe-bound refugees and migrants), donde se describe el ciclo de “explotación y abusos” al que están sometidas las personas migrantes en Libia. El informe apunta a la “complicidad” entre  guardias de los campos de detención (en Libia), contrabandistas de personas y la Guardia costera libia. Habla de torturas sistemáticas como medida de extorsión para conseguir dinero. Y subraya la existencia de “mercados de esclavos” en esos mismos centros de retención donde se subastan o venden migrantes a los contrabandistas con la connivencia de la Guardia costera libia. “La misma Guardia costera entrenada y financiada por Italia y la Unión Europea”, concluye el Informe de Amnistía Internacional.

El escándalo ante estos hechos denunciados por la nada sospechosa Amnistía Internacional, protagonizó la agenda de la V Cumbre Unión Africana-Unión Europea en noviembre del pasado año. Ambas partes se comprometían a trabajar juntas “para poner fin al trato inhumano que sufren los migrantes y los refugiados en los campos de detención (Libia) y perseguir a los responsables de estos delitos para ponerlos a disposición de la Justicia”. El Acuerdo comprometía, además, la puesta en marcha de una Fuerza Operativa Conjunta (UA y la ONU)  para ”salvar y proteger la vida de los migrantes y refugiados, acelerar los retornos voluntarios y dinamizar el reasentamiento de las personas necesitadas de protección internacional”. La UE desplegaba de nuevo a los cascos azules sobre el tablero de las concreciones y asumía habilitar proyectos de cooperación sin especificar las fichas financieras ni las fechas en el calendario.  La acostumbrada declaración de intenciones que, no obstante, obró el milagro de comprometer a la Unión Africana, –hasta entonces reticente a las políticas migratorias de la UE–, para repatriar a 20.000 africanos retenidos en campos de detención en Libia, al tiempo que empujó a Nigeria a dar un paso al frente y repatriar, en escasas semanas, a tres mil de sus nacionales. La opacidad informativa volvía a dar frutos.

A group of children taking a selfie, at the Refugee Aid Center in Šid, Serbia
Un selfie en el centro de ayuda a los refugiados de Sid, en Croacia. A selfie at the Refugee Aid Center in Sid , Serbia.– © Oliver Bunic, EU.

Poco se sabe sobre otros acuerdos de esta Cumbre como el compromiso de poner en marcha un plan de movilidad de estudiantes, trabajadores y profesores universitarios dentro del continente africano, o el de abrir pestañas en el programa europeo Erasmus destinadas al intercambio de estudiantes entre África y Europa… Silencios que siembran dudas razonables y que encuentra un hilo de continuidad en los interrogantes que el digital Mundo Negro deja en el aire cuando se pregunta “¿Qué pasa con los que vuelven? ¿Quién les ayuda a empezar una nueva vida después de haber empeñado todos sus ahorros y los de sus familias en conseguir el sueño europeo? ¿Habrá programas de reintegración y asentamiento para ellos? ¿De verdad la Unión Europea se va a implicar en luchar contra las causas más profundas de esta migración?”.

Organizaciones Humanitarias y ONGs como Save de Children, OMI, ACNUR o CEAR revelan en sus Informes Anuales de 2017 la incoherencia entre las declaraciones y las acciones de la Unión Europea, que mientras habla de arbitrar programas de cooperación para aliviar el flujo de migrantes irregulares, restringe drásticamente su política de Asilo y Refugio.

Europa Rup Solicitudes de Asilo – TablaLa alargada sombra de Merkel

Para entender mejor la política actual de la Unión Europea en materia de migración hay que situarse en 2015. En septiembre de ese año, con una Europa en plena convulsión por la crisis de los refugiados, el Gobierno de la canciller alemana, Angela Merkel, se tambalea entre las presiones de la derecha en el Parlamento alemán que reclama mano duracon los migrantes, y la exigencia de los socialdemócratas de atender al espíritu fundacional de una Europa solidaria. La canciller Merkel toma una decisión, –“por razones humanitarias”, según dijo–, que sus adversarios tacharon de radical: abrió las fronteras del país a los miles de migrantes atascados en la estación de tren de Budapest a quienes el Gobierno húngaro impedía proseguir viaje hacia el centro del continente. Más de 1.500.000 de personas solicitó asilo o refugio, la mayor parte procedentes de Irak, Siria y Afganistán, y con algunos de ellos la canciller democristiana se sacaba selfies en cuanto ponían un pie en Alemania vitoreados por cientos de seguidores de  la salvadora Merkel. Las fotos dejaban en muy mal lugar al Gobierno de Hungría que se defendió alegando que aplicaba las nuevas reglas de Asilo de la UE. Y no le faltaba razón.

La decisión de Merkel fue, en realidad, una solución europea adoptada en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno tres meses antes (junio de 2015), para salvar la estabilidad tanto del Gobierno alemán como de la propia Unión Europea. España y Grecia se sumaron al acuerdo aceptando que Alemania les devolviera migrantes que se hubieran registrado previamente en sus respectivos territorios. Lo que parecía un acuerdo entre socialcristianos y socialdemócratas para impulsar las políticas de acogida de migrantes y darle a la UE el cariz humanitario que se adjudica, resultó ser el principio de un endurecimiento de la política de Asilo que iba a llegar pocos meses después de la mano de la propia Angela Merkel.

Dimitris Avramopoulos to Malta
Funeral en Malta por 24 personas fallecidas en el Mediterráneo tratando de llegar a Europa. Funeral in Malta for 24 people who died in the Mediterranean trying to reach Europe.– ©Ray Attard, EU

En 2016 el Parlamento Europeo aprueba, impulsado por la canciller alemana, un paquete de medidas para endurecer la legislación de asilo y refugio: se limita la reagrupación familiar de los asilados y refugiados, se crean centros específicos para tramitar las solicitudes de asilo y hacer más rápidas las devoluciones, y se amplía la lista de países considerados seguros, entre ellos, Argelia, Túnez y Marruecos. Los mismos países a que hacen referencia los mandatarios de la UE cuando hablan de “cooperación al desarrollo”. Merkel fue también la gran promotora del controvertido acuerdo entre la UE y Turquía en marzo de 2016, según el cual, Turquía se comprometía a controlar sus costas para evitar que zarparan embarcaciones fletadas por los traficantes con destino a Grecia y asumía también la acogida de refugiados sirios. Se ponía fin a la llamada ruta de los Balcanes que los migrantes hacían hacia Austria, para ir luego a Alemania o a Suecia.

2016 fue un año particularmente tormentoso para la migración en Alemania. Varios incidentes de cierta gravedad fueron protagonizados por refugiados: un afgano irrumpe en un tren de una localidad de Baviera con un hacha en la mano; otro refugiado sirio es detenido con una bomba en Ansbach (también Baviera), y un tunecino a quien habían denegado el asilo siembra el pánico en un mercadillo navideño de Münich… Y encima el autodenominado Estado Islámico aplaude las acciones. La sombra del integrismo islamista planea sobre la decisión de la mandataria alemana.

A family sleeping in blankets from the United Nations High Commissioner for Refugees (UNHCR), at the Refugee Aid Center in Šid, Serbia
Descanso en el centro de acogida de Acnur y la UE en Sid, Serbia. Rest in the Acnur and the EU aid center in Sid, Serbia. – ©Oliver Bunic, EU

Un mes después, en enero de 2017, el Gobierno de Angela Merkel aprueba la deportación de migrantes extranjeros. Fue el principio de una nueva vuelta de tuerca en el endurecimiento de las políticas migratorias que iba a traducirse de inmediato en la Unión Europea. Pero Angela Merkel ha insistido siempre, entonces y ahora, en que la migración “será decisiva en el destino de la Unión Europea”, y alerta acerca de la necesaria solución multilateral frente al unilateralismo, “o nadie en el resto del mundo”, afirma, “creerá en el sistema de valores de Europa”.

Legislación de la UE en materia de Migración

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