El futuro ya nos alcanzó

El cometido de la Universidad es generar saber y su misión crear ciudadanos autónomos y críticos

En su libro ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización, el escritor latinoamericano Andrés Oppenheimer plantea que las universidades, y sobre todo sus carreras tradicionales, “corren el peligro de volverse irrelevantes en un mundo donde la tecnología avanza tan rápidamente que casi todos los conocimientos que adquieren los estudiantes son inservibles cuando los reciben”. Una opinión que encuentra acomodo entre buena parte de los responsables académicos universitarios de América y Europa que asisten, por un lado, a la presión continua para ajustar los contenidos académicos a la velocidad con que ocurren los cambios tecnológicos, y por otro, al derrumbe del modo tradicional de impartir la Educación Superior consistente en que los alumnos vayan a edificios y se sienten en las aulas. La Universidad presencial ya convive con la enseñanza en línea y las apuestas más ambiciosas diseñan planes de estudios pensando en campus transnacionales. Campus RUP, como el resto de consorcios universitarios europeos ideados en los últimos dos años, va en esta línea.

Ahora que el futuro de Europa se empaña con la irrupción de los populismos ultraderechistas y antieuropeístas, parece más necesario que hace veinte años, –puesta en marcha del Plan Bolonia–, impulsar alianzas universitarias que compartan, además de conocimiento y cultura, convivencia, contacto, intercambio. El reto no es repetir modelos y contenidos, advierten rectores e investigadores de las dos orillas del Atlántico, como tampoco cambiar las reglas del juego educativo cada vez que hay un cambio de Gobierno, el reto es ir hacia una Universidad del Conocimiento: Educación, Investigación e Innovación.

Un modelo que ya está aquí. En la Universidad ya conviven lo semipresencial y lo virtual; las plataformas digitales ya administran contenidos que favorecen la movilidad, detecta intereses comunes y crea nuevos espacios para el conocimiento.

La tendencia mundial en la Universidad es hacia licenciaturas más cortas y hacia una formación flexible basada en el aprendizaje y no en la enseñanza. Los campus ya no son apreciados por los kilómetros que ocupan sino por la innovación y creatividad que generan y por los idiomas que utiliza en el aprendizaje, porque ya no son lujos curriculares sino necesidad.

La UE maneja un Informe, elaborado el pasado año, que pone en alza las ventajas de un sistema educativo que estreche lazos entre Gobiernos, instituciones de Educación Superior y empresas. Es cierto que la Universidad no puede vivir desconectada del tejido productivo pero su cometido no es formar mano de obra cualificada que colme las demandas de un mercado laboral que al menor cambio la deja descolgada y sin posibilidad de reciclarse. El cometido de la Universidad es generar saber y su misión, crear ciudadanos autónomos y críticos.

Hay que resistir a la tentación de sucumbir a una formación minimalista: sin conocimiento, sin léxico, sin capacidad de abstracción ni especulación intelectual. La universidad online no puede ser fábrica de ciberproletariado. Transformar sin perder de vista reflexiones críticas como las del filósofo francés Paul Virilio, cuando señala que la velocidad, la instantaneidad de las redes, de Internet, de los móviles, vuelven a dar sentido al “viejo ideal religioso de ubicuidad y de instantaneidad”, y alerta sobre los peligros de estar asistiendo al nacimiento de un globalitarismo que termine por abolir los lugares y deje a la Humanidad en una especie de parálisis vegetativa. Desafíos que requieren alertas y propuestas.

Campus RUP se adentra en esta senda y propone construir sobre dos océanos uncampus europeo.

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