Científicos sin fronteras

Tendencias de la colaboración internacional en la investigación

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LOS CIENTÍFICOS colaboran más que nunca con sus pares de otros países. La comunidad científica es cada vez más internacional al investigar y publicar. Una intuición a la que un estudio de Marek Kwiek para el Servicio de Investigación del Parlamento Europeo –el think tank residente en la institución– proporciona una base empírica. El señor Kwiek es director del Centro de Estudios para las Políticas Públicas de la Universidad de Poznan (Polonia). Su estudio Internationalisation of EU research organisationsInternacionalización de las organizaciones de investigación de la UE–, publicado en agosto de 2019 por el Parlamento Europeo, muestra los datos de la creciente internacionalización de la actividad investigadora. El número de artículos científicos en co-autoría internacional y su porcentaje en la producción científica de los distintos países han aumentado de forma significativa en los últimos diez años. Entre los años 2007 y 2017, se publicaron 2,2 millones de artículos en co-autoría internacional con participación de investigadores de la UE. La colaboración internacional (IRC, International Research Collaboration, en las siglas inglesas mundialmente aceptadas) se dio en 1,4 millones de artículos en centros de investigación de los Estados Unidos, y en 588.000 artículos en China, durante el mismo periodo. La Unión Europea, Estados Unidos y China son los tres grandes productores de ciencia en el mundo. La colaboración internacional representa en 2017 el 44,4% de los papers en la UE; el 40%, en los Estados Unidos, y el 22,2%, en China.


El estudio patrocinado por el Parlamento Europeo analiza los datos de Scopus, la mayor base de datos de resúmenes (abstract) y citación de literatura científica revisada por científicos, junto con WoS (Web of Science). La pesquisa del señor Kwiek se nutre, además, de SciVal, una herramienta de inteligencia científica que ofrece acceso a la actividad investigadora de 230 países, y a los indicadores clave de 12.600 centros de investigación.

Ciencia internacional en la Europa de las regiones ultraperiféricas

La colaboración científica internacional aumenta en todos los Estados Miembros de la Unión Europea, durante el periodo observado. En el conjunto del bloque, los papers escritos en equipos internacionales han pasado de 138.822, en el año 2007, a 262.110, en el 2017, un 88,81% más. El incremento ha sido del 87% en los Estados Unidos y del 309%, en China.

Los tres Estados Miembros con regiones ultraperiféricas participan de la tendencia general. En España, los artículos IRC han aumentado un 128,4% en los últimos diez años, pasando de 14.726 a 33.648. En Francia, su número ha aumentado un 73,7%, de 27.526 a 47.813. En Portugal, los papers en colaboración internacional han pasado de 3.444 referencias en 2007, a 9.588, en 2017, un 78,4% más.


En España, la colaboración internacional se da en el 50% de los papers. La Universidad de La Laguna, en la región ultraperiférica de Canarias, está a la cabeza en IRC, principalmente en el campo de la Física, debido a la intensa actividad investigadora y la dimensión internacional del Instituto Astrofísico de Canarias, aunque los últimos datos servidos por la institución académica en su sitio web datan de 2014.


En Francia, la IRC representa el 59% de las referencias de artículos científicos, y en Portugal, el 58%.

El estudio publicado por el Parlamento Europeo concluye que Estados Unidos es el primer socio científico en el mundo, tanto para China como para la Unión Europea. La colaboración científica más fecunda se da entre los Estados Unidos y China, con 266.244 artículos publicados entre los años 2013 y 2018. Le sigue el partenariado de investigadores del Reino Unido y de los Estados Unidos, con 172.887 referencias. En todos los Estados Miembros de la Unión Europea, la colaboración más importante, por el volumen de publicaciones y por el número y la calidad de las citas que generan, es, con diferencia, con científicos de los Estados Unidos. La colaboración entre sistemas de ciencia de los Estados Miembros de la UE es mucho menor que la que se da entre los países del bloque y los centros de investigación del otro lado del Atlántico.

Top 20 partner countries in International Research Collaboration – EUROPA RUP

Las Ciencias Naturales, seguidas de la Medicina y las ingenierías son los campos en los que más se colabora a una escala internacional en la Unión Europea. Las Humanidades, la Agronomía, y las Ciencias Sociales, por el contrario, son los saberes con una menor IRC.


El estudio detecta que la tendencia general a un incremento de la colaboración internacional durante el periodo comprendido entre 2007 y 2017 se intensifica en el caso de las instituciones flagship (insignias). La única universidad española seleccionada en la muestra es la de Barcelona. Cinco de estas universidades (Luxemburgo, Viena, Karolinska Institute, KU Leuven y Oxford), superan el 60% de artículos en colaboración internacional. En otras cuatro se dan los mayores aumentos en el número y la calidad de la citación de sus papers (Charles University de Praga, con un 337%, Comenius University de Bratislava, con un 290%, University of Zagreb, con un 266%, Jagiellonian University de Cracovia, con un 184% y Babes-Bolyai University, con un 167% más de citas a sus artículos.


El informe incluye una parte teórica sobre incentivos y barreras de la cooperación internacional en la ciencia. Entre los propulsores de la IRC, el autor menciona los incentivos individuales: “los científicos colaboran a una escala internacional porque es beneficioso para ellos en términos de prestigio académico, reconocimiento científico y acceso a financiación”, señala el señor Kwiek en la página “III” del documento preparado por encargo del think tank del Parlamento Europeo. Enumera otras fuerzas que impulsan la IRC, como la visiblidad internacional, los contactos o la proximidad geográfica y cultural. Otro factor relevante es lo que el autor del estudio –siguiendo la literatura sobre la cuestión– llama “la escuela invisible”, o la tendencia de los investigadores a colaborar con colegas de otros países con quienes comparten maestros, tradiciones, enfoques epistemológicos e intereses de estudio.

La excelencia científica es también un conductor decisivo de la colaboración internacional:

“La investigación” –observa el autor del estudio– “muestra una relación significativa entre la excelencia académica y la probabilidad de co-autoría; cuanto más experimentado es un investigador, mayor es la tendencia a colaborar; cuanto más alto está su departamento académico en el ránking, mayor es su propensión a colaborar; y cuanto más alto está el investigador en el ránking, mayor es su inclinación” a colaborar con sus pares.

Los Estados europeos –recomienda el estudio– “deben considerar el apoyo a sus universidades más internacionalizadas, y proveerlas de una financiación a gran escala para desarrollar la colaboración transfronteriza y evitar el aislamiento”

En cuanto a las barreras de la IRC, las mayores son los elevados costes de la internacionalización, los condicionantes geopolíticos, el idioma, la historia, las tradiciones culturales, el tamaño del país, su riqueza y la lejanía. Hay obstáculos institucionales, como la reputación del centro de investigación o los recursos con los que cuenta. Hacen difícil la colaboración internacional, además, la falta de financiación o los condicionantes de la conciliación de la vida personal y el trabajo.

Financiar la internacionalización de la investigación en las regiones ultraperiféricas

El estudio concluye con tres opciones de políticas públicas a favor de la colaboración científica internacional. La primera opción es que la IRC “debe estar en el centro de las políticas nacionales de investigación”. Sostiene el autor que un “sistema nacional de Educación Superior enfocado en incrementar la visibilidad internacional de su producción de conocimiento académico necesita instalar la internacionalización de la investigación en el centro de sus políticas nacionales de investigación” (página “VI”).

La segunda opción es proporcionar financiación suficiente a la IRC. “Los países europeos” –recomienda el autor del estudio– “deben considerar el apoyo a sus universidades y departamentos más internacionalizados, y proveerlos de una financiación a gran escala para desarrollar la IRC y evitar el aislamiento”.

La recomendación suena especialmente pertinente en el contexto de las regiones ultraperiféricas de la Unión Europea, con universidades y centros de investigación que producen ciencia de vanguardia en campos específicos como las energías limpias, la astrofísica, o la investigación en políticas públicas, y cuyas barreras para la IRC son mayores debido a su lejanía del continente y su condición insular.

La tercera opción de una política pública amigable para la internacionalización de la producción científica es “situar a los científicos individuales en el centro de las agendas de internacionalización”. Marek Kwiek subraya que, en la IRC, “el nodo crítico es el científico individual y su voluntad (o su falta de voluntad) de colaborar internacionalmente en investigación, su voluntad (o su falta de voluntad) de publicar en co-autoría internacional, y su voluntad (o su falta de voluntad) de publicar en revistas académicas con un puesto elevado en el ránking” (página “VII”).

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